| "La estrella que rige tu destino fue regida por mí antes de nacer la Tierra... ... ¿qué queréis de mí, Hijos del Barro? ... " (Lord Byron) |
A poco que nuestro tecnificado y pragmático mundo actual nos haya dejado un resquicio de sensibilidad, el espectáculo que brinda a nuestros ojos una fría y limpia noche de invierno es difícil que no nos conmueva.
El cielo de invierno nos presenta mitológicas escenas de caza iluminadas por las estrellas más brillantes que se pueden ver en nuestros cielos. En el silencio de la noche, el halo de misterio que expulsa nuestra boca, es traspasado por el brillo de los astros que observamos en el firmamento. Centellean y hacen desafiantes guiños, retándonos a descubrir sus ocultos y lejanos secretos. Ese soplo de vida que, poco a poco, en cada respiración lanzamos fuera de nosotros nos recuerda que todavía estamos unidos a la naturaleza con frágiles y efectivos lazos. Siempre hemos pensado que son esas emociones las que empañan nuestros oculares más que el rocío o el vaho.
El hemisferio izquierdo de nuestros cerebros se revela, lucha contra nuestra otra mitad y nos dice:
¡Seamos prácticos!, para observar el cielo de invierno localizaremos como punto de referencia la constelación de Orión, el gigante cazador. En la constelación de Orión (Ver fig.1 y 2) están situadas dos estrellas muy brillantes: Betelgeuse (letra "C") y Rigel (letra: " B ").
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Aún no se resigna a callar la mitad más creativa de la mente:
Orión presumía de poder cazar a cualquier animal. A la diosa Artemisa (Diana), protectora de la caza, no le gustaba esta fanfarronería a costa de los otros seres vivos. Y, para castigar al presuntuoso Orión, mandó para atacarle a un gigantesco escorpión. El terrible combate que tuvo lugar con el Escorpión (Scorpio) llevó a los dioses a separarlos y así están en lugares opuestos en la bóveda celeste: en el cielo de invierno al gigante y en el del verano, al bicho.
Se supone que el cazador, con la porra levantada y la piel de león en la otra mano, lucha con un toro (la constelación de Tauro).
En la cintura de Orión – dice la parte más racionalista- hay tres estrellas denominadas "el cinturón", aunque también se les conoce como las Tres Marías o los tres Reyes. Del cinturón pende la espada, en medio de la cual, está Gran Nebulosa (M42). Esta nebulosa puede verse a simple vista como una pequeña manchita lechosa y brillante parecida a una estrella, pero para observar mejor su estructura recomendamos utilizar unos prismáticos. Si disponemos de un telescopio la observación es ya bastante impresionante (cuando la vimos por primera vez dijimos, no pudimos evitar preguntarnos ¿qué habrá ahí fuera?...)
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Este cinturón está situado justamente en Ecuador Celeste. (No es gratuito, contesta el otro lado). Se dice que este gigante era tan grande que si se metía en el océano el agua sólo le llegaba hasta la cintura, que indicaría, por lo tanto la zona del cambio de un hemisferio al otro–como el Ecuador- y más cosas…
A Orión, báculo en mano, (Ver fig.3) se le representaba, en la antigüedad clásica, como el portador de Dionisos-Baco (el dios niño y, de mayor, el protector de los bebedores de vino), subido a su hombro, con el agua hasta la cintura…Si os suena a San Cristóbal, patrón de los viajeros, es más que correcto que los hayáis relacionado. El nombre de Cristóbal viene de Cristophoros, que quiere decir “portador de Cristo”, y la leyenda apócrifa cuenta que el santo era un hombre muy grande que se dedicaba a transportar sobre sus hombros a los viajeros para vadear un río; cierto día transportó a un niño que curiosamente no pesaba nada. Cuando llegó a la otra orilla se produjo un milagro: el niño se transformó en Jesucristo. Otra vez el panteón politeísta se manifiesta entre nosotros desde hace milenios, como sucede con San Pancracio-Mercurio.
Y continúa este diálogo, que sin darnos cuenta siempre hay en el interior de los humanos, pues realmente estamos formados por dos medios cerebros interconectados, tan diferentes y tan afines…como muy bien se ha plasmado en muchas obras de la literatura, retratados como Don Quijote y Sancho (todos los humanos, y particularmente los españoles, tenemos de los dos, unas veces más de uno que de otro, pero siempre unidos), o como el más inquietante Doc. Jekill y Mr. Hide.
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Sirviéndonos del cinturón de Orión podemos trazar una línea imaginaria que nos llevaría a Sirio (letra "A"), la estrella más brillante del cielo tal y como se ve desde la Tierra.
Sirio pertenece a la constelación del Perro Mayor (Canis Major). En el antiguo Egipto, esta estrella señalaba la época de las crecidas del Nilo cuando aparecía por la mañana, justo un poco antes de salir el Sol (lo que se denomina en Astronomía orto heliaco de una estrella). Realmente Sirio tiene una compañera enana blanca que es la primera que se observó de su tipo -Sirius B- (invisible con instrumentos pequeños). Se trata de dos soles girando uno en tomo al otro, una danza magnífica... si hay quien esté por allí cerca para observarlo. -Se ve que lo racional y lo fantástico, se van entendiendo e interrelacionando, aunque al primero le cuesta…:
Si imaginamos ahora una línea en dirección desde "B" a "C" y la prolongamos nos encontraremos con la constelación de los Gemelos (Gemini), los famosos hermanos mitológicos Cástor y Póllux. Póllux -la estrella "E" situada en la cabeza del hermano de dicho nombre- es la más brillante, y es la que se sitúa hacia el lado de Procyón (del Canis Minor), mientras que Cástor "H", en la cabeza del otro hermano, es la que está hacia el lado de Capella (del Auriga). Gemini es uno de los doce signos del zodiaco.
En otra ocasión nos extenderemos contando la bella leyenda de amor fraterno entre los Dioscuros, los hermanos gemelos que, erróneamente, se representan en los horóscopos como un hombre y una mujer, una equivocación más en la farsa astrológica. Y os contaremos porqué llevan medio cascarón de huevo como un bonete, sobre sus cabezas.
Enfrente de Orión, pero un poco más arriba, tenemos al Toro (Taurus) (Fig.4). Esta constelación, que es también signo del zodiaco, tiene a Aldebarán como estrella más brillante (marcada con la letra "G"). El nombre de Aldebarán significa "el que sigue" en árabe, ya que esta estrella es la que sigue a las Pléyades en su desplazamiento de Este a Oeste, y en la leyenda mitológica las Pléyades eran las hijas del gigante Atlas y de Pleyone. Efectivamente, al lado de Tauro podemos encontrar a las Siete Hermanas (las Pléyades). Mucha gente, a pesar de estar muy distante de la Osa Mayor o de la Menor, confunde este cúmulo con alguna de las osas, quizás por su parecido en miniatura (muy en miniatura) con el carro de la Osa Mayor. Por aquí les llamamos "Las Cabrillas", que no debemos confundir con "Las Cabritillas" del Auriga de las que hablaremos más tarde.
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En los belfos del Toro están las Hyades, en griego significan "estrellas de lluvia", pues cuando ellas aparecían en el horizonte Este en la época de la Grecia Clásica indicaban el comienzo de la estación del otoño. Debido a un fenómeno - denominado precesión - su aparición se ha ido retrasando hasta indicar la entrada del invierno.
Otras constelaciones de invierno:
El Perro Menor (Canis Minor), donde se encuentra Procyón (estrella "D"), una de las estrellas más brillantes del cielo. Procyón, en griego "perro delantero".
Con Betelgeuse, Sirio y Procyón se forma el "Triángulo de Invierno", prácticamente equilátero.
La constelación del Cochero (Auriga) contiene a Capella (letra 'F'), también una magnífica estrella. Las antiguas leyendas representan al Auriga como un cochero llevando una cabra en el hombro y dos o tres crías en el brazo. Y, efectivamente, Capella, considerada la estrella cabra desde la época de los romanos, tiene cerca de ella tres estrellas en V (que se llaman "Las Cabritillas"). Algunas leyendas consideran que el cochero sería Erecteo, el hijo de Hefestos (el dios romano Vulcano), que inventó el carromato para mover su cuerpo lisiado.
El Unicornio (Monoceros), un animal mitológico semejante a un caballo con un cuerno en la frente, es otra constelación del cielo de invierno; si bien se trata de una constelación muy tenue, contiene la bellísima nebulosa de Rosseta, aunque visible solamente con un potente telescopio.
Erídano (Eridanus), que es el río de los Infiernos de la mitología griega, hay quien lo identifica con el río Po.
La Nave, constelación que la Unión Internacional Astronómica descompuso en tres (Quilla, Popa y Velas), representa al navío Argos, donde sus navegantes (los Argonautas) viajaban camino de las Hespérides, para conseguir el vellocino de oro guardado por el Dragón. El navío se encuentra en el borde de nuestra zona de observación, pues está situada muy hacia el Sur.
Por último citaremos a la Liebre (Lepus) y a la Paloma (Columba), presas que escapan a toda velocidad del afán de caza de los perros y del propio cazador Orión, gigante que domina todas las noches del invierno.
¡Que artículo tan FRÍO, nos ha salido! ... se revela, protestón el hemisferio del verso. Por lo visto ha estado aprovechando para dormir un buen rato; falta que nos hace... hasta el próximo.
¡Buenas noches!
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