ÍNDICE

1.-Historia de las constelaciones
2.-Constelaciones Circumpolares
3.-Constelaciones de Otoño
4.-Constelaciones de Invierno
5.-Constelaciones de Primavera
6.-Constelaciones de Verano


HISTORIA DE LAS CONSTELACIONES

(Por Agustín y Enrique Camacho Sánchez)


"Después de más de cuarenta siglos de ciencia astronómica. Si buscamos caballos alados con los ojos modernos en los triángulos y cuadrados de líneas imaginarias que conectan unas y otras estrellas, estamos buscando un imposible."





    Vamos a hacer un brevísimo recorrido por la historia DE LAS constelaciones en que hoy día se divide a nuestro firmamento. Recordemos que una constelación no es más que la zona donde se encuentran un grupo de estrellas que NO están o no tienen por qué estar cercanas entre sí, sino que desde nuestro punto de vista (la Tierra en nuestro tiempo) se las agrupa de esa manera. Vienen a ser como las provincias o estados en un mapa, en este caso, del cielo. Y como decimos a nuestros alumnos: lo mismo que la provincia española de León (*) no se parece mucho a un león (y nadie cuestiona por eso su nombre), la constelación de Leo no tendría porque parecerse mucho al rey de la selva. Los nombres, e incluso los asterismos (uniones mediante rectas de un grupo de estrellas en los mapas) y también las figuras artísticas y mitológicas de los mapas antiguos, tienen como misión facilitar el recuerdo del nombre y la situación y relaciones de las constelaciones representadas.

    De las 88 constelaciones que en la actualidad se reconocen en Astronomía, más de la mitad tienen su origen en la antigüedad. Un puñado de ellas se pierden en la noche de los tiempos (¡Tauro y Leo con al menos 5.000 años!) pero la mayoría nacieron en la Grecia Clásica, hace unos 2.500 años. Las primeras en describirse en su forma actual fueron las del Zodiaco.

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Sagitario: "Espejo de Urania” de Samuel Leigh. 1825

    Fue un tal Enópides quien hacia el año 450 a.C. sistematizó las tradiciones previas de origen mesopotámico, proporcionándonos las doce figuras que conocemos hoy. Otro griego, Aratus, definió la mayoría de las restantes en el 275 a.C.

    Los movimientos propios de cada estrella, aunque muy lentos, acaban por alterar el dibujo después de unos cuantos siglos, por lo que las figuras tienen una vida determinada.

    Estas constelaciones "clásicas" representan fundamentalmente mitos griegos: Podemos encontrar la historia de Perseo en las constelaciones de Perseo, Andrómeda, Cefeo, Casiopea, Pegaso y la Ballena; la del cazador Orión en Orión, el Perro Mayor, el Perro Menor, el Toro y la Liebre... el Escorpión.

    Habría que hablar sobre todos estos personajes, y lo haremos en otros artículos, pues son los protagonistas de muchas leyendas de la mitología griega y algunos de ellos, a veces, han llegado de modo curioso o sorprendente hasta nosotros. Pero volvamos al contenido de este capítulo…

    El principal atlas-catálogo estelar de la Antigüedad fue el recopilado por Claudius Ptolomeo en su "Almagesto" (una corrupción de las palabras en árabe “Al maghisti”, a que se tradujeron sus escritos y que quieren decir “Obra Magna” y que a su vez venía del nombre de su obra que quiere decir Sintaxis en griego –Ptolomeo, realmente Ptolemis, era un griego de Alejandría, es decir un griego egipcio-). De sus descripciones nos han quedado 47 constelaciones. Eran 48, pero una de ellas, el Navío de Argos, excesivamente grande, fue dividida en el siglo XVIII en tres.

    En el año 1603, un abogado de Ausburgo, Johannes Bayer, publicó un atlas estelar conocido como "Uranometría", donde usó el sistema de nombrar las estrellas por medio de letras griegas. La más brillante de cada constelación lleva la letra Alfa (a) la siguiente, Beta (ß)... y así hasta acabar con el alfabeto griego (que para su tiempo daba de sobra). Para nombrar una estrella se decía la letra correspondiente y el nombre de la constelación en genitivo (Así, por ejemplo la estrella “Betelgeuse” que se encuentra en la constelación de Orión, se puede denominar como beta orionis). Los nombres internacionalmente reconocidos de las constelaciones están en latín.

    Varios astrónomos fueron añadiendo nuevas constelaciones: Bayer dio nombre a doce; Tycho Brahe, a una (la Cabellera de Berenice); Royer, dos (Paloma y Cruz del Sur); Hevelius, nueve. Lacaille introdujo 17 constelaciones, incluyendo las tres resultantes de la ya mencionada división del Navío de Argos (Popa, Vela, Quilla).

    En general, los últimos añadidos correspondieron las zonas del cielo descubiertas a medida que se exploraba el hemisferio austral, desconocido para los griegos, y llevan nombres como Máquina Neumática o Compás.

    En 1928, la Unión Astronómica Internacional (UAI) fijo las 88 constelaciones y les dio nuevos límites, que seguían las líneas de declinación y de ascensión recta de 1875, actualmente desplazadas por la precesión.

    En 1712, John Flamsteed hizo un catálogo que incluía números: tomaba una constelación e iba, poniéndole números a las estrellas a medida que pasaban por el Meridiano Celeste. Con el uso de telescopios cada vez más potentes se confeccionaron catálogos cada vez más completos, que utilizan denominaciones propias. De esta forma, una estrella puede tener seis o siete nombres, según el catálogo o sistema que se utilice.

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Orión: Espejo de Urania" de Samuel Leigh. 1825


    Después de estos apuntes históricos, unas notas o reflexiones finales:

    La Astronomía ha sido tradicionalmente relegada de los programas de las enseñanzas oficiales, y la Mitología es ignorada en la preparación elemental y media de muchas gentes, siendo como es indispensable para entender nuestra propia lengua, las obras maestras de la literatura antigua y no tan antigua, los modos de pensar de los que nos precedieron. Estas ausencias contribuyen a aumentar la falta de comprensión y de reflexión sobre nosotros mismos: quien no conoce la Historia puede volver a cometer los mismos errores del pasado, y por supuesto avanzar con paso incierto hacia el futuro. La falta de conocimiento de nuestros orígenes y de nuestra cultura propicia la inseguridad y la escasa autoestima, así como una indefensión ante colonialismos culturales que alejándonos del interesante y conveniente intercambio entre culturas nos adentra en una intoxicación de formas y contenidos que nos resultan ajenos. De tales lluvias vienen estos lodos.

    Una vez que hemos recorrido rápidamente la historia de como se nombraron y delimitaron las actuales constelaciones, sería bueno recordar que hay otra historia de las constelaciones.

    Quedaréis gratamente sorprendidos,... ¡historias con miles de años de antigüedad!....

    Pero ¡cuidado!, hay un gran peligro acechando entre las páginas de estos libros: puede ser que sus leyendas os atrapen y que la literatura no pueda nunca más dejar de ser una compañera de viaje en vuestra vida.... o quizá sean los libros sobre las ciencias los que, como "el Hombre del Saco" os cojan y no os dejen nunca más...

    Nuestro deseo es que sean las dos cosas, para que disfrutéis del conocimiento que en la lucha por el saber, la Humanidad ha ido arrancando a la Nada... Pero esa es otra historia... esperamos que siempre interminable.


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